CAPÍTULO III: EL CONVITE

El restaurante

A tan solo ocho kilómetros de Alcalá la Real se encuentra la Hacienda el Tobazo, en un enclave privilegiado rodeado de naturaleza en estado puro: Campos de olivares, vegetación agreste y grandes álamos que ofrecían inmensas sombras conformando un espacio acogedor y único… Aquel iba a ser el escenario donde nuestros invitados disfrutarían de la copa de bienvenida.

 

Entramos con cañones de humo y sonando la canción de Bienvenidos de Miguel Rios

 

Para el almuerzo se montó una gran carpa donde los comensales pudieron degustar un exquisito menú. Tras el postre llega el esperado momento del baile. Salimos de la carpa y regresamos al gran jardín floral  con suelo de césped y con muchas ganas de que la fiesta no parara.

Rumbas, reguetón, y sobre todo Rock and Roll… el ritmo no podía bajar.

Dj Pedro fue en encargado de que no faltara la fiesta y al que le estamos muy agradecidos por su flexibilidad y habilidad a la hora de escuchar las peticiones de nuestros invitados.

 

Con un buen manojo de nervios llegó el momento de hacer el baile nupcial.Y aunque habíamos ensayado varios veces con Merce que nos preparó la coreografía, en aquel momento todo era temblor, jajaja. Me cambié de vestido (como ya os narré en el capítulo I) y Carlos se mantuvo fiel a su chaqué. Teníamos preparado un medley de tres temas: “Don’t Cry” de Guns n’ Roses: Una balada de lo más romántica y que nos traía muy buenos recuerdos…. Un “break” y arranca a buen ritmo “Another Day of Sun” de la película “La la land” y para terminar, siguiendo en la onda cinéfila, todo un clásico de Chuck Berry “You Never Can Tell” popularizado en “Pulp Fiction” con el que definitivamente llegó el desmadre y se invitó a todos los participantes a unirse al baile.

 

Con tanto baile era necesario re-poner fuerzas así que a última hora de la tarde se sirvió la re-cena al más puro estilo americano mediante un carrito portátil de perritos calientes y hamburguesas.

La boda llegaba a su fin. Habían sido más de doce horas intensas y los buses se iban llevando a nuestros invitados. Nosotros no nos queríamos ir, no queríamos que se acabase porque sabíamos que cuando nos acostáramos todo habría pasado… y aún lo recordamos como un sueño precioso.

 

En el capitulo anterior podrás saber como fue la celebración en la Iglesia, aquí lo puedes leer, haciendo clik

 Y si quieres continuar con en el capítulo IV (narro la aventura de como preparé el atrezzo de la boda). Haz clik aquí